Acerca de participar en una constelación familiar

A medida que pasa el tiempo, voy comprendiendo que “ser participante” en una constelación familiar, nos posibilita una serie de procesos internos que comienzan con ampliar nuestras creencias o paradigmas sobre varios temas:

Del vivir y del morir…
De nuestros antepasados y sy relacion con nosotros…
De que hay algo mas grande de lo cual participamos y que eso más grande nos sostiene y anima…

Al representar a otro, ese otro “personaje” nos lleva a modificar nuestro propio ritmo, nos empuja a desestructurarnos y a entrar en contacto con nuestro cuerpo, sensaciones y sentimientos de un nuevo modo.

Ambos procesos, ampliar nuestra conciencia y desestructurarnos, nos saca por un momento de modos rígidos, mecánicos y estructurados de estar en el mundo. Entonces, luego ese movimiento nos regala por así decirlo, un plus de energía y fuerza que nos lleva a darnos cuenta de algunas cosas que necesitamos cambiar, siempre que nos permitamos tomar lo que sucede e integrarlo. Es algo parecido a lo que le sucede aun globo una vez que lo inflamos, no vuelve nunca al estado anterior.
Ponernos en la piel de otro nos libera de las prisiones autoimpuestas por la mente, nos libera de la presión de los mandatos, creencias y vivencias que nos mantienen un poco congelados, rígidos, tensos y encorazados.
A medida que pasa el tiempo, voy comprendiendo que “ser participante” en una constelación familiar, nos posibilita una serie de procesos internos que comienzan con ampliar nuestras creencias o paradigmas sobre varios temas:

Del vivir y del morir…
De nuestros antepasados y sy relacion con nosotros…
De que hay algo mas grande de lo cual participamos y que eso más grande nos sostiene y anima…

Al representar a otro, ese otro “personaje” nos lleva a modificar nuestro propio ritmo, nos empuja a desestructurarnos y a entrar en contacto con nuestro cuerpo, sensaciones y sentimientos de un nuevo modo.

Ambos procesos, ampliar nuestra conciencia y desestructurarnos, nos saca por un momento de modos rígidos, mecánicos y estructurados de estar en el mundo. Entonces, luego ese movimiento nos regala por así decirlo, un plus de energía y fuerza que nos lleva a darnos cuenta de algunas cosas que necesitamos cambiar, siempre que nos permitamos tomar lo que sucede e integrarlo. Es algo parecido a lo que le sucede aun globo una vez que lo inflamos, no vuelve nunca al estado anterior.
Ponernos en la piel de otro nos libera de las prisiones autoimpuestas por la mente, nos libera de la presión de los mandatos, creencias y vivencias que nos mantienen un poco congelados, rígidos, tensos y encorazados.
A medida que pasa el tiempo, voy comprendiendo que “ser participante” en una constelación familiar, nos posibilita una serie de procesos internos que comienzan con ampliar nuestras creencias o paradigmas sobre varios temas:

Del vivir y del morir…
De nuestros antepasados y sy relacion con nosotros…
De que hay algo mas grande de lo cual participamos y que eso más grande nos sostiene y anima…

Al representar a otro, ese otro “personaje” nos lleva a modificar nuestro propio ritmo, nos empuja a desestructurarnos y a entrar en contacto con nuestro cuerpo, sensaciones y sentimientos de un nuevo modo.

Ambos procesos, ampliar nuestra conciencia y desestructurarnos, nos saca por un momento de modos rígidos, mecánicos y estructurados de estar en el mundo. Entonces, luego ese movimiento nos regala por así decirlo, un plus de energía y fuerza que nos lleva a darnos cuenta de algunas cosas que necesitamos cambiar, siempre que nos permitamos tomar lo que sucede e integrarlo. Es algo parecido a lo que le sucede aun globo una vez que lo inflamos, no vuelve nunca al estado anterior.
Ponernos en la piel de otro nos libera de las prisiones autoimpuestas por la mente, nos libera de la presión de los mandatos, creencias y vivencias que nos mantienen un poco congelados, rígidos, tensos y encorazados.
A medida que pasa el tiempo, voy comprendiendo que “ser participante” en una constelación familiar, nos posibilita una serie de procesos internos que comienzan con ampliar nuestras creencias o paradigmas sobre varios temas:

Del vivir y del morir…
De nuestros antepasados y sy relacion con nosotros…
De que hay algo mas grande de lo cual participamos y que eso más grande nos sostiene y anima…

Al representar a otro, ese otro “personaje” nos lleva a modificar nuestro propio ritmo, nos empuja a desestructurarnos y a entrar en contacto con nuestro cuerpo, sensaciones y sentimientos de un nuevo modo.

Ambos procesos, ampliar nuestra conciencia y desestructurarnos, nos saca por un momento de modos rígidos, mecánicos y estructurados de estar en el mundo. Entonces, luego ese movimiento nos regala por así decirlo, un plus de energía y fuerza que nos lleva a darnos cuenta de algunas cosas que necesitamos cambiar, siempre que nos permitamos tomar lo que sucede e integrarlo. Es algo parecido a lo que le sucede aun globo una vez que lo inflamos, no vuelve nunca al estado anterior.
Ponernos en la piel de otro nos libera de las prisiones autoimpuestas por la mente, nos libera de la presión de los mandatos, creencias y vivencias que nos mantienen un poco congelados, rígidos, tensos y encorazados.
A medida que pasa el tiempo, voy comprendiendo que “ser participante” en una constelación familiar, nos posibilita una serie de procesos internos que comienzan con ampliar nuestras creencias o paradigmas sobre varios temas:

Del vivir y del morir…
De nuestros antepasados y sy relacion con nosotros…
De que hay algo mas grande de lo cual participamos y que eso más grande nos sostiene y anima…

Al representar a otro, ese otro “personaje” nos lleva a modificar nuestro propio ritmo, nos empuja a desestructurarnos y a entrar en contacto con nuestro cuerpo, sensaciones y sentimientos de un nuevo modo.

Ambos procesos, ampliar nuestra conciencia y desestructurarnos, nos saca por un momento de modos rígidos, mecánicos y estructurados de estar en el mundo. Entonces, luego ese movimiento nos regala por así decirlo, un plus de energía y fuerza que nos lleva a darnos cuenta de algunas cosas que necesitamos cambiar, siempre que nos permitamos tomar lo que sucede e integrarlo. Es algo parecido a lo que le sucede aun globo una vez que lo inflamos, no vuelve nunca al estado anterior.
Ponernos en la piel de otro nos libera de las prisiones autoimpuestas por la mente, nos libera de la presión de los mandatos, creencias y vivencias que nos mantienen un poco congelados, rígidos, tensos y encorazados.
A medida que pasa el tiempo, voy comprendiendo que “ser participante” en una constelación familiar, nos posibilita una serie de procesos internos que comienzan con ampliar nuestras creencias o paradigmas sobre varios temas:

Del vivir y del morir…
De nuestros antepasados y sy relacion con nosotros…
De que hay algo mas grande de lo cual participamos y que eso más grande nos sostiene y anima…

Al representar a otro, ese otro “personaje” nos lleva a modificar nuestro propio ritmo, nos empuja a desestructurarnos y a entrar en contacto con nuestro cuerpo, sensaciones y sentimientos de un nuevo modo.

Ambos procesos, ampliar nuestra conciencia y desestructurarnos, nos saca por un momento de modos rígidos, mecánicos y estructurados de estar en el mundo. Entonces, luego ese movimiento nos regala por así decirlo, un plus de energía y fuerza que nos lleva a darnos cuenta de algunas cosas que necesitamos cambiar, siempre que nos permitamos tomar lo que sucede e integrarlo. Es algo parecido a lo que le sucede aun globo una vez que lo inflamos, no vuelve nunca al estado anterior.
Ponernos en la piel de otro nos libera de las prisiones autoimpuestas por la mente, nos libera de la presión de los mandatos, creencias y vivencias que nos mantienen un poco congelados, rígidos, tensos y encorazados.